Australia,  Viajes

Australia y sus 8 estados

Australia es el sexto país más grande del mundo y tiene atracciones a lo largo de todo su territorio, con lo que se pueden imaginar cuánto hay para ver.

Yo tuve la suerte de poder recorrer casi toda Australia en sólo un año. Sólo me faltaron algunas zonas más remotas, como Alice Springs, donde está la famosa roca Uluru, o la región norte de Western Australia, Kimberley, que estaba en mi lista de musts.

¿Que me faltaron cosas? Obvio. Lo que sí recorrí es gran parte de la costa australiana, tanto este como oeste y sur, Tasmania y las principales ciudades de este inmenso país.

Mi experiencia en cada uno de los 8 estados australianos fue diferente y me dejó una visión particular tanto del lugar como del país. Si bien en algunos sitios estuve mucho más tiempo que en otros, y haciendo cosas totalmente distintas, mi objetivo fue captar la esencia de cada lugar a través de mis vivencias.

En este post, intento darles un pantallazo de cada estado y mi paso por él, brindándoles algunos datos concretos y agregando un toque de mi perspectiva personal, para que puedan conocer un poco más este país gigante en cada una de sus partes.

New South Wales

Este es el estado más poblado de Australia, donde se encuentra la inigualable Sydney. Esta reconocida ciudad es su principal atracción, teniendo muchas ofertas turísticas de todo tipo. Personalmente, estuve en Sydney sólo cuatro días, pero logré visitar las playas más conocidas, como Bondi y Manly Beach. Las caminatas al borde del mar, la famosa Ópera de Sydney y, particularmente, el tener que tomar un barco para ir a otros barrios y playas del otro lado del puente, me encantaron

A sólo 80 km de la gran ciudad están las Blue Mountains. Si te gusta el trekking y acampar, este es uno de los mejores lugares para respirar un poco de aire puro sin desviarte demasiado de Sydney.

Si sos más de la onda hippie y te gusta surfear y conocer gente, tenés que ir a Byron Bay. A unos 700 km al norte de Sydney, este pueblo bohemio tiene una vibra muy particular. Todo el mundo es abierto y buena onda, hay eventos todos los días y se respira un aire de paz a la vez de haber un ambiente bien festivo. Debo confesar que a mí no me conquistó demasiado, no sé por qué. En cambio, otro lugar costero, Port Macquaire, me pareció un pueblo más auténtico. Ahí sentí que vivía más la cultura australiana, ya que había menos extranjeros y turistas. Las pocas cuadras que conformaban el centro albergaban negocios más sencillos, y sus dueños parecían esperar pacientes a que algún comprador se asomara distraído en su local.

Igualmente, toda la costa de New South Wales tiene cientos de pueblitos donde podés parar a surfear y a disfrutar sus paisajes costeros. Nosotros tomamos la ruta que bordea el mar cuando bajamos de las Blue Mountains hacia Port Macquaire, y disfrutamos cada kilómetro recorrido.

Sydney Harbour Bridge
Las 3 hermanas de las Blue Mountains
Atardecer en Port Macquaire

Victoria

El estado de Victoria es uno de los más pequeños de Australia. Su capital es Melbourne, ciudad del café y del arte. Por toda Melbourne podés encontrar barcitos y locales abarrotados de jóvenes y oficinistas que se toman su smoko (recreo) en su lugar favorito. Debo confesar que soy más devota de Melbourne que de Sydney. Parecería ser una ciudad con una personalidad bien marcada, yo diría una ciudad hipster, por su originalidad, arquitectura, gastronomía e historia. Puede que me haya faltado estar más tiempo en Sydney, pero Melbourne fue un amor a primera vista. La mires por donde la mires, siempre te va a sorprender. Museos, plazas, edificios, estadios. También tiene playa, y aunque en este aspecto Sydney le gana, no puedo negar que a Melbourne no le falta nada.

Fuera de esta ciudad, Victoria tiene gran variedad de atractivos naturales. Uno de mis favoritos de toda Australia es la Great Ocean Road, ruta que comienza unos kilómetros al oeste de Melbourne, y es un espectáculo que nadie se puede perder. Los imponentes acantilados siendo golpeados por el mar azul, entre pedazos de rocas elevadas que fueron quedando aisladas frente a playa, y túneles cavados por el mismo mar, son imágenes que todo el mundo debería ver, y sentir. Es recomendable ir en temporada baja, cuando no haya demasiados turistas. Nosotros justo enganchamos una fecha súper turística, y nos vimos rodeados de chinos que bajaban en manada de enormes colectivos. Aún así la disfrutamos, por lo que se pueden imaginar lo hermosa que es. 

Otro lugar natural para visitar es el Parque Nacional The Grampians. Montañas y cascadas en un sólo lugar, con vistas increíbles a los campos victorianos. Además podés cruzarte con animales salvajes en cualquier momento. ¡Cuidado! Nosotros tuvimos que romper la regla de no conducir de noche, y se nos cruzaron en la ruta un par de canguros y un venado!

Si estás planeando un roadtrip hacia el norte de Melbourne, tendrás que elegir entre la ruta costera bordeando el océano, o la ruta interna que pasa por viñedos y campos, para llegar hasta Sydney. Nosotros, como buenos miramarenses, hicimos el camino junto al mar y allí descubrimos una playa con los canguros más mansos de Australia. Mis papás no lo podían creer, y hasta acariciaron a una cangura que buscaba unos mimos.

Los graffitis se mezclan con la arquitectura moderna de Melbourne
Panorámica de los 12 Apóstoles en la Great Ocean Road

Australian Capital Territory

Este es el único estado australiano donde no puse mis piecitos. Cuando recorríamos la costa de Victoria, tuvimos que decidir si desviarnos para conocer la capital de Australia, Canberra, o seguir nuestro camino hacia Sydney. Luego de leer varias reseñas y guías turísticas decidimos no ir, ya que teníamos los días justos para llegar hasta Cairns, nuestro último destino.

Canberra es la única ciudad dentro de este pequeño estado, el que fue organizado expresamente para construir a la entonces futura capital australiana. Canberra fue una ciudad planificada, con lo cual sus principales atracciones tienen que ver con la historia democrática australiana y su particular arquitectura urbana, diseñada para albergar los edificios burocráticos del territorio.

Tasmania

Esta pequeña isla al sur de Melbourne guarda un lugar especial en mi viaje. Allí me encontré con mis papás cuando comenzamos el roadtrip, y tuvimos la suerte de tener un anfitrión humilde y generoso. Craig nos alojó en su cálida casa los días que estuvimos en Hobart, la capital de Tasmania. Además, se negó rotundamente a que alquilaramos un auto (ya lo habíamos reservado y lo tuvimos que cancelar), y nos prestó el suyo por el tiempo que nos fue necesario.

Tasmania es como una isla pueblo, donde sus habitantes, tanto humanos como animales, son amigables. Es la parte más al sur de Australia, con lo cual en abril, cuando la visitamos, ya estaba bastante fresco. Además, es un destino especial para amantes del trekking y el montañismo. Sus montañas son relativamente bajas, con lo cual hace que tenga caminatas para todos los niveles. Yo diría que es una mini Nueva Zelanda.

Recorrimos sus principales parques nacionales, empezando por Maria Island, una isla donde podés caminar junto a tiernos y mansitos wombats entre colinas, mar y playa. En Freycinet National Park observamos la bahía Wineglass desde lo alto y disfrutamos la montaña cuna o Cradle Mountain caminando alrededor de su lago, en el parque nacional del mismo nombre. Una de las cosas que más me gustaron fueron sus rutas zigzagueantes entre colinas y bosques, donde aparecían lagos entre pueblitos perdidos con sus buzones amontonados al borde de la ruta.

Craddle Mountain
Pequeño wombat en Maria Island

Queensland

De aquí viene el estereotipo del australiano, surfero, rubio, de pelo largo y musculoso, que muchas ansiamos conocer. Si bien me he cruzado con algunos de ellos, desmitificando un poco este concepto, en mi opinión no son tantos ni tan lindos, aunque tampoco no puedo decir que no sea cierto que existan.

Ya pensarán que Queensland es el estado del surf, donde está el famoso suburbio Surfers Paradise en la ciudad de Gold Coast, y pueblos bien surferos como Noosa, Burleigh Heads o Kirra, que junto a otros conforman la Sunshine Coast (siempre me encantó la publicidad prometedora de estos nombres). Pero lo cierto es que en la mitad superior de su costa está instalada la Gran Barrera de Coral, un gran atractivo turístico para todo tipo de deporte subacuático.

Cairns es el gran punto para los amantes del buceo, mientras que Airlie Beach es el paraíso para los amantes de las playas paradisíacas. Unos kilómetros mar adentro están las islas Whitsundays, donde se encuentra la playa con arena más blanca de Australia (según afirman en el lugar), Whitehaven Beach. Nosotros hicimos una travesía en velero de dos días, donde pudimos visitar la playa y hacer kayak y snorkeling alrededor de estas islas. Lamentamos mucho descubrir que gran parte del fondo de coral ha muerto, a causa del aumento de la temperatura del agua por el calentamiento global. Algunas zonas están más afectadas que otras, pero es algo que se extiende año a año. Si te interesa saber más del tema te recomiendo el documental Chasing Coral, que pueden ver en Netflix.

Uno de los lugares que más nos gustó en nuestro paso por Queensland fue Rainbow Beach, un pueblo tranquilo donde nos quedamos unos días en el caravan park. Nos tomamos ese tiempo para descansar de la ruta y explorar sus playas y médanos gigantes. También aprovechamos para visitar Fraser Island, la isla de arena más grande del mundo. Mucha gente va a acampar por varios días para disfrutar de la naturaleza y recorrer los diferentes atractivos, pero nosotros tomamos un tour de un día y conocimos una de sus principales atracciones, el lago Makenzie.

Aparte de sus hermosas playas y fondos marinos, Queensland es el estado que alberga lo que allí llaman el bosque tropical más antiguo del mundo, el Daintree Rainforest. Esta selva alberga el 30% de las especies de reptiles, anfibios y marsupiales de toda Australia, además de uno de los mejores lugares para ver corales en toda la barrera de arrecife.

Si sos amante de las cascadas como yo, también podrás ver cientos de ellas en la parte continente de Queensland, que luego de la época de lluvias estarán listas para una visita y un buen baño.

Gold Coast
Surfers disfrutando el agua en Noosa
Lago Makenzie en Fraser Island

Western Australia

Western Australia es el estado más grande del país y como su nombre indica, ocupa la parte oeste del continente. Su capital es Perth, una ciudad de algo más de 2 millones de habitantes, la cuarta más poblada de Australia. Si tenemos en cuenta que la población total de Western Australia es de 2,6 millones, vemos fácilmente que en su vasto territorio despoblado, todo se concentra en su capital.

Al sur de Perth se encuentran algunas de las mejores playas surferas de Australia, como es Margaret River, zona además conocida por sus abundantes viñedos y sus ricos vinos. Hay tours que se organizan para ir a degustar a varias bodegas, o simplemente podés entrar en las que te parezcan interesantes y pedir probar algunos de sus vinos de forma totalmente gratuita. Lo que si, te reto a no comprar ninguno de esos deliciosos alcoholes.

Las playas del sur de WA son increíbles. Arena blanca y mar turquesa transparente, tienen el plus de estar la mayor parte del tiempo desiertas, con sólo unos pocos visitantes. Es por eso que este estado es mi favorito, ¡tengo todo para disfrutarlo yo sola! Bueno, con algunos amigos también lo puedo llegar a compartir. Claro que los lugares conocidos seguramente van a estar más concurridos, como la playa de Lucky Bay, una bahía de aguas cristalinas y canguros amigables, ubicada en el Parque Nacional Cape Le Grand, uno de los puntos más al sur de Perth.

Al norte de Perth la cosa cambia. Y no es que desaparezcan las hermosas playas (no, eso jamás en Australia) sino que la aridez del lugar modifica totalmente el paisaje. El verde es escaso cuanto más al norte vas, y los pueblos están cada vez más distanciados. El Parque Nacional Kalbarri es una muestra de ello, donde los arbustos abundan y la piedra colorada se hace ya presente. Este parque es una pequeña muestra de los grandiosos paisajes que este estado ofrece, junto a otros parques naturales como Karijini y la zona de Kimberley.

Gran parte de la superficie de este estado es desierto, con lo cual viajar representa un reto por las largas distancias entre distintos puntos del territorio, sobre todo cuanto más al norte y lejos del mar vas. Esto hace que los roadtrip sean más salvajes: acampar en lugares inhabitados es casi obligatorio por falta de hospedajes y calcular el consumo de nafta es algo fundamental para no quedar varado en el medio del desierto.

El norte también tiene playas imperdibles. Coral Bay, un pueblito de verano, es especial para ver mantas raya, por ejemplo. O si tenés suerte y llegás para la época correcta, en Exmouth también se puede nadar con tiburones ballena, o hacer snorkeling en una de las aguas más cristalinas, Turquoise Bay. Bastante más al norte, en Broome, podés pasear en camello por la orilla al atardecer, mirando una caida de sol espectacular en el horizonte marítimo.

Todo esto es una maravilla de la naturaleza, pero lo que hace que Western Australia sea mi preferido, como dije anteriormente, es que podés disfrutarlo prácticamente solo. La actividad turística es mucho menor comparada con la costa este, y todo es más agreste y auténtico, desde los paisajes hasta las personas. Sólo hay que hacer un poco más de cuidado al manejar por las vacías rutas del oeste o al acampar en lugares alejados. Los animales salvajes de todo tipo abundan, desde canguros hasta wombats o camellos, que se te pueden cruzar en el camino, y algún que otro dingo también puede llegar a robarte comida de tu campamento.

Vista de Perth desde Rottnest Island
Bremer Bay, pueblo al sur de Perth
Fortescue Falls en Karijini National Park

South Australia

Adelaide es la capital de South Australia, una ciudad cuadrada, frente al mar y del otro lado de las colinas. Digo una ciudad cuadrada porque el llamado CBD (Central Business District) es prácticamente un rectángulo rodeado por parques verdes. Tuve un día para recorrerla a pie y me gustó mucho su costado artístico, junto con su aire de pueblo grande. Así como Tasmania me pareció una mini Nueva Zelanda (perdón si ofendo a alguien), Adelaide fue para mí una pequeña Melbourne, con ansias de crecer.

Una de las principales atracciones en South Australia es la Isla Canguro (Kangaroo Island). Como su nombre bien indica (me sigue fascinando esta característica de los nombres australianos), en esta isla hay muchos canguros, y es especial para verlos ya que por falta de depredadores son más amigables con el hombre. Además, a lo largo de sus 145 km de largo se pueden ver leones marinos, pingüinos y koalas, y formasiones rocosas impresionantes. Hasta hay un pequeño desierto de dunas de 2 km cuadrados llamado Little Sahara.

Mi camino real por South Australia fue bastante cortito. Después de cruzar desde Western Australia el desierto de Nullarbor, no nos detuvimos demasiado en la ruta hasta llegar a Adelaide. Entre el desierto y la ciudad, paramos en varios pueblos costeros a acampar, donde observamos altos acantilados y pequeños géiseres. También acampamos en un eco-surf-camping a descansar y tomar una ducha helada, decepcionados en nuestra búsqueda de una laguna rosada que ya no existía (o por lo menos no en ese momento).

Graffiti en la pared del Youth Hostel de Adelaide
La ruta recta más larga de Australia, en el desierto de Nullarbor

Northern Territory

Por último, me queda el estado menos poblado de toda Australia, Northern Territory.  Este estado guarda una relación muy fuerte con la cultura indígena australiana, ya que aquí se encuentra la famosa roca Uluru o Ayers Rock, lugar sagrado para el pueblo originario de este país. Además, al sudeste de su capital, Darwin, está el Parque Nacional Kakadu, declarado patrimonio mundial por la UNESCO por su valor natural e histórico, relacionado con los pueblos australianos.

Mi paso por Northern Territory fue de sólo unos días, pero guardo algunas de las mejores anécdotas y momentos de todo mi tiempo en Australia. Llegué a Darwin en avión desde Cairns y desde que aterricé me sentí en sintonía con ese lugar. Me instalé en un hostel y no paré de conocer gente.

Me sentía libre de andar sola y de hablar con quien se me antojara, como si ya hubiera vivido en ese lugar, como si ya hubiera caminado antes sus anchas calles. Hasta me crucé a la salida del supermercado a un argentino que andaba tomando mate solo en una vereda (es muy extraño ver eso en el estado menos habitado de Australia) y nos quedamos charlando hasta que anocheció y mis lácteos se arruinaron.

Con un amigo alemán que había conocido en Cairns y otros chicos más, alquilamos un auto y nos fuimos una mañana a hacer un tour para ver los famosos cocodrilos de agua salada en el río Adelaide, a unos kilómetros fuera de Darwin. Durante mi tiempo en Queensland quise divisar alguno de estos enormes reptiles, pero no tuve suerte. El cocodrilo era uno de mis pendientes de Australia, y por suerte lo pude ver en primera persona.

También tuve la suerte de conocer un grupo de jovencitos de entre 17 y 20 años que me llevaron a conocer el Parque Nacional Litchfield, y pasé un fin de semana en una cabaña veraniega al borde del mar festejando como si volviera a mis veintipico. Bueno, admito que me la pasé tomando mate mientras veía a los chiquillos divertirse con varios estimulantes. Yo me encontraba en un momento en que no los necesitaba para sentirme a gusto y pasarla bien.

Cocodrilo sobre el Adelaide River, cerca de Darwin
La espectacular caída del sol en una de las playas de Darwin

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